Toma de la Bastilla (1789)

La Bastilla fue una fortaleza poderosa que dominó los barrios populares hacia el este de Paris. Era el símbolo de la autoridad arbitraria que ejercía la monarquía absoluta. Originariamente desempeñó el papel de fortificación que protegía contra los ingleses en la Guerra de los Cien Años y fue convertida en prisión del Estado por Richelieu.

La Toma de la Bastilla ocurrió el 14 de julio del año 1789, cuando miles de parisinos con armas tomaron aquel lúgubre edificio. En aquel momento sus paredes custodiaban únicamente siete prisioneros. Este fue el primer paso rumbo a la Revolución Francesa, la cual acabó con la monarquía y llevó a Luis XVI y su familia directo a la guillotina.

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Ubicación y origen de la Bastilla

Esta antigua fortaleza se edificó en el siglo XII, junto a la Puerta de San Antonio, la Bastilla se encargaba de reforzar París, justo frente a la ruta Sur. Después de siglos que trajeron expansión urbana, esta edificación se encontraba mucho más al interior del reciente perímetro parisiense. A pesar de su ubicación, la Bastilla pertenecía al rey y no a la Ciudad.

El rey y el resto de la Corte residían en Versalles y no en París. Puede decirse que la ciudad se gobernaba relativamente al margen de la realeza. En ella se encontraban alrededor de mil guardias que tenían adhesión a la monarquía. La Bastilla pertenecía al rey, era una edificación fortificada con viejas paredes que median quince metros de alto, hechas en piedra y presentaba nueve torres con aproximadamente 60 piezas de artillería.

Imagen de la medieval fortaleza-prisión de la Bastilla de San Antonio (grabado alemán del siglo XIX).

Encarcelamiento en la Bastilla

En ella se encontraba una pequeña guarnición de legionarios suizos y un gobernador colocado directamente por el Rey, convirtiéndola en el epicentro y el símbolo del poder total en la ciudad, donde ya comenzaba a surgir el descontento. Además de fortaleza, la Bastilla era una prisión del Estado, con una orden emitida por el rey (sin necesidad de procesos o sentencia) era posible que se encarcelara cualquier individuo por tiempo indefinido.

El gobernador se encontraba sujeto exclusivamente a la autoridad del rey, ni siquiera un tribunal tenía la potestad de averiguar el nombre de quienes estaban encarcelados en ese hoyo de piedra. El supuesto hermano de Luis XIV, gemelo del mismo, languideció en esta cárcel durante treinta largos años. Herejes, filósofos, disidentes y conspiradores conocieron las gruesas murallas de la fortaleza.

La Bastilla fue, más que un enclave militar, un lugar donde la monarquía absoluta se materializó. Sus impenetrables y sordas murallas infundían miedo, juzgado necesario para que la autoridad real se ganara el respeto. Dentro y fuera de estas murallas se gestó la toma de este gigante de piedra.

¿Qué sucesos llevaron a la toma de la Bastilla?

Un conjunto de desavenencias fueron los antecedentes inmediatos de aquel mes de julio de 1789. Dos bancarrotas, tres años con malas cosechas y una fuga de accionistas en la bolsa. Debido a la crisis, el rey convoca la Asamblea de Notables y solicita la solución de los problemas. Se reúnen los Estados Generales, que incluían el estado, la nobleza y el clero.

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Los delegados burgueses declararon que no pagarían los impuestos hasta que una Constitución reemplazara el absolutismo real. Los diputados juraron no disolver la sesión hasta lograr sus objetivos, autoproclamándose Asamblea Nacional. Ahora eran ellos quienes representaban a Francia y no el rey.

La lucha comenzó la tarde del 12 de julio, al conocerse la noticia en París que se había destituido al Ministro Necker en Versalles. La ciudad se alza en armas, se cancelaron las funciones en los teatros y manifestantes comenzaron a recorrer la ciudad. Para la mañana del 13, el rey envía dos regimientos de mercenarios alemanes y suizos contra la ciudad. La noche de ese mismo día, ya todo París se encontraba armado contra el rey. Únicamente quedaba la Bastilla como imponente pero solitario emblema de autoridad real.

Jacques Necker, obra de Joseph Duplessis, Palacio de Versalles.

Toma de la Bastilla

Los revolucionarios estaban conscientes que la toma de la Bastilla era una decisión políticamente importante, más que una acción militar en sí misma. El ataque contra la fortaleza inicia al mediodía del 14 de julio. Únicamente los guardias franceses contaban con artillería para responder al fuego de la Bastilla. El resto de los manifestantes solo llevaban consigo el entusiasmo y uno que otro fusil.

El fuego abierto se mantuvo durante tres horas, pasado este tiempo era evidente que la muralla era impenetrable. Entonces el oficial de la guardia francesa ordena acumular varias carretas con paja encendida en contra de las puertas de madera. El fuego abrió una grieta por la que los insurrectos atravesaron y entraron sedientos de sangre en aquella fortaleza que simbolizó, hasta aquel día, el poder real. El gobernador y los oficiales de la Bastilla fueron ejecutados por una multitud enardecida que incendiaba los archivos y se apoderaban de las armas.

Toma de la Bastilla, pintado en 1793 por Charles Thévenin, Museo Carnavalet.

Consecuencias de la toma de la Bastilla

La toma de la Bastilla tiene un significado simbólico importante. Aunque se liberaron solamente siete prisioneros, el pueblo demostró lo que podía llegar a hacer. La Bastilla fue un emblema histórico que representaba la monarquía absolutista, su caída se convirtió en el símbolo que marcó la caída del régimen y fue el evento que establece el inicio de la Revolución Francesa. La fortaleza fue destruida en 1789, el mismo año en que fue asaltada. Para el seis de febrero de 1790 se presentó a la Asamblea Nacional la última piedra de la prisión.

La Revolución Francesa tuvo un gran impulso gracias a la toma de la Bastilla. Los revolucionaron tomaron Paris y después el campo, con la ayuda de un sector del ejército francés.  Se forzó al rey a aceptar el gobierno constitucional manteniendo su investidura. La monarquía se abolió en 1792, tanto a Luis XVI como a la reina consorte, María Antonieta, se les arrebata el título nobiliario y son enviados a la guillotina.

Para 1880, el Senado francés aprueba el 14 de julio como fiesta nacional, conmemorando el día en que la unidad de los ciudadanos franceses se selló sin necesidad de derramar sangre.

 

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