El movimiento impresionista representó para la pintura occidental un punto de inflexión. Aunque no puede llamarse arte de vanguardia, sí se afirma que el impresionismo preparó el camino a lo que los expertos llaman “la voluntad diferenciadora de estilo”, que finalmente permitió el desarrollo del espíritu vanguardista.

El término impresionista se ha utilizado para denominar otras disciplinas artísticas, como la música y la literatura. Sin embargo, los rasgos tan particulares que lo definen en el ámbito pictórico, hacen que sea muy difícil extenderlo a otras artes plásticas. Por este motivo se puede decir que, en sentido estricto, solo se puede desarrollar en pintura y tal vez en fotografía y cine.

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Qué es el impresionismo

El impresionismo es una corriente artística, definida principalmente para la pintura, que surge en la segunda mitad del siglo XIX. Este movimiento se enfocaba primordialmente en el estudio de la percepción óptica de la luz, siendo sus efectos instantáneos. Esto obligaba al artista a trabajar al aire libre y con mucha rapidez.

La velocidad con la que debían realizarse las pinturas favoreció que se prescindiera de las líneas, en la mayoría de los casos. También se abandona el uso de claroscuro, eliminando el uso del negro y se descuida la perspectiva, elemento particularmente valorado en la academia tradicional.

A diferencia del arte tradicional, los impresionistas fueron expertos de la luminosidad y la coloración. Trabajan directamente en el lienzo y no mezclaban los colores en la paleta, aplicaban pinceladas gruesas y fraccionadas tomando como principio la complementariedad de los colores. De manera que, cuando el espectador se aleja del lienzo, puede apreciar efectos de iluminación.

Los impresionistas no estaban interesados en representar temas religiosos, históricos o mitológicos; sino elementos cotidianos como la vida burguesa y el paisaje urbano, para poder explotar el movimiento y la luz. Enfatizaban el lenguaje plástico de la obra y no contenido.

Origen del movimiento impresionista

El movimiento impresionista se desarrolla en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX, siendo Francia el país más representativo para esta corriente. Su aparición fue clave para que otras corrientes artísticas surgieran posteriormente. Se utilizó inicialmente el término Impresionismo para definir la pintura impresionista.

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Fue gracias al comentario de Louis Leroy (crítico de arte) con relación a un cuadro de Claude Monet denominado “Impresión, sol naciente”. Para el crítico la obra de arte le causó “Impresión”, pero en el sentido despectivo de la palabra.

“Impresión, sol naciente” – Claude Monet, 1872

El adjetivo era fácilmente generalizable a otras obras expuestas en el salón de los artistas independientes en París en el período comprendido entre abril y mayo de 1874.  Los artistas que apoyaban aquella tendencia, asumieron aquel descalificativo como el nombre que ostentaría su movimiento.

Lo que al principio resultó en rechazo se transformó rápidamente en la ovación más extendida del arte moderno. El interés por este momento fue tal que en la actualidad cuenta con dos museos propios en París: el Museo de la Orangerie y el Museo d’Orsay.

Características del impresionismo

Se pueden resumir las características del movimiento impresionista de la siguiente manera:

Interés en los fenómenos instantáneos luminosos

La pintura registra las tonalidades que adquieren los objetos cuando reflejan la luz del sol en un momento determinado. El artista impresionista comprendió que los colores no son propiedad de los objetos sino que resultan de la refracción de la luz sobre la superficie.

La luz en el arte, hasta aquel momento, había sido estudiada como una representación de la divinidad o conocimiento o como un elemento plástico. Los impresionistas convierten la luz el centro de atención y se detienen a representar sus efectos.

Desaparece el dibujo

Las figuras no contienen contornos nítidos, se considera que la línea es solo una abstracción que hace el ser humano para poder representar las imágenes. El dibujo delineado perfectamente se vuelve poco útil para los impresionistas.

Desaparece el claroscuro

Las sombras serán luminosas y coloridas, como suele ser la impresión visual que estas causan. No son negras y oscuras, como eran representadas por los pintores del pasado. Los contrastes entre la luz y la sombra se obtienen por la ley de colores complementarios.

De esta forma, un amarillo que se acerque al violeta producirá una impresión de luces y sombras más real que utilizar el claroscuro, valorado por pintores barrocos.

Coloración sobre el lienzo directamente

Colores y tonalidades no se obtienen haciendo mezclas de tintas previas sobre la paleta. Los colores deben ser puros y disociados en el cuadro. El color se aplica a través de pequeñas pinceladas, brochazos y puntos. Quien se encarga de combinar los colores será el ojo del observador.

Temas cotidianos intrascendentes

Los impresionistas dieron fin a los temas históricos, mitológicos o religiosos. Se buscaba representar momentos cotidianos y fugaces que permitieran desarrollar las características luminosas del instante.

Artistas y obras destacadas del movimiento impresionista

Muchos artistas marcaron la pauta en el Impresionismo. A continuación mostraremos los más importantes que participaron en aquella primera exposición en Paris.

Édouard Manet (1832-1883)

Se trató de un artista de transición que, al principio, no se sentía cómodo con ser llamado impresionista. Pero fue de gran inspiración para otros jóvenes pintores, en especial desde la exposición del Salón de los Rechazados.

Obras destacadas: “Olympia”, “Le Déjeuner sur l’Herbe” y “Un bar aux Folies Bergère”.

“A Bar at the Folies-Bergère” – Édouard Manet, 1882

Claude Monet (1840-1926)

Es gracias a Monet que el movimiento adquirió un nombre. Logró un delicado y magnífico desarrollo de los efectos luminosos en toda clase de superficies, entre ellas: sobre las aguas, atmósferas nublas, nenúfares y texturas de vegetación.

Obras destacadas: “Impresión, sol naciente” y “Serie de los Nenúfares”. El título Nenúfares no se refiere a un cuadro en concreto sino a una serie completa de Monet.

“Water Lilies and Japanese Bridge” – Claude Manet, (1897-1899)

Camile Pissarro (1830-1903)

Estuvo obsesionado por cómo la luz iba transformando cualquier paisaje en una realidad completamente nueva ante el ojo del espectador. Los viajes al Caribe fueron su mayor influencia, donde estudia el efecto lumínico sobre las costas venezolanas. Pintó sus obras como si se trataran de instantáneas, captando diversidad de rostros de una sola realidad.

Obras destacadas: “Puesta de Sol en Éragny” y “Serie del Boulevard de Montmartre”.

“Puesta de Sol en Éragny” – Camille Pissarro, 1890

Edgar Degas (1834-1917)

Conocido por desarrollar sistemáticamente temas sobre bailarinas, músicos y caballos. Captaba muy bien los efectos luminosos y estaba interesado en planos innovadores y momentos fugaces e instantáneos. No le daba importancia a las poses, más bien prefería las torsiones corporales que el arte tradicional rechazaba por carecer de elegancia.

Obras destacadas: “El ajenjo” y “La clase de danza”.

“La clase de danza” – Edgar Degas, 1874

Berthe Morisot (1841-1895)

Para la época, ser una mujer dedicada al arte no era nada sencillo, pero Morisot logró destacarse como artista impresionista. Expuso en el salón de París en 1864 y en poco tiempo se incorpora al movimiento impresionista.

Fue amiga íntima de Edouard Manet desde 1868, por lo que esta se convierte en tema recurrente en las obras del pintor. Para 1873, tocada ya por el impresionismo, es rechazada en el salón oficial por el jurado, por lo que se une a la inmensa exposición del grupo que les dio a todos la proyección profesional que buscaban.

Obras destacadas: “Eugéne Manet en la Isla de Wight” y “La cuna”.

“Eugène Manet en la isla de Wight” – Berthe Morisot, 1875

Pierre-August Renoir (1841-1919)

Con un estilo muy particular, marcado por la porosidad del trazo. Creó atmósferas realizando manchones indefinidos, donde se entremezclan los colores, no hay contornos definidos y los planos no se distinguen. Es como si cada elemento está tejido y asido uno del otro. Las escenas más célebres son las que representan la vida burguesa, almuerzos, fiestas y aseos.

Obras destacadas: “El almuerzo de los remeros” y “Baile en el Moulin de la Galette”.

“Baile en el Moulin de la Galette” – Pierre-August Renoir, 1876

Música y literatura impresionista

La música impresionista se caracterizó por ofrecer una atmósfera melódica sensual y etérea, tratando de retratar las imágenes, en especial los paisajes naturales. Destacan en este género los compositores del calibre de Maurice Ravel y Claude Debussy.

Por su parte, la literatura impresionista, estaba enfocada en describir las impresiones y aspectos psicológicos de cada personaje. En esta área se destacan escritores como Marcel Proust, Graça Aranha y Raul d’Ávila Pompeia.

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