Imperio Aqueménida (550 aC – 330 aC)

A medida que las civilizaciones humanas se desarrollaban, fueron incrementando su poder y ambición de superioridad. Las civilizaciones más poderosas y organizadas lograron un gran dominio en vastos territorios. Algunas de las civilizaciones más poderosas fueron las de Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma.

El Imperio Aqueménida (550a.C al 330 a.C) fue el primero y más importante de los imperios de la civilización Persa. Se convirtió en uno de los reinos más extensos que han existido en la historia humana.

El nombre Aqueménida, se deriva de la dinastía del mismo nombre que gobernó todo el imperio durante unos dos siglos. La extensión territorial Aqueménida ocupó en su totalidad, y en algunos casos sólo una parte, los actuales territorios de países como Egipto, Israel, Palestina, Líbano, Turquía, Grecia, Chipre, Rusia, Afganistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Irak, Irán y Siria. La unión geográfica de estos países nos ayuda a entender la magnitud del dominio que tuvo este poderoso Imperio.

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¿Qué fue el Imperio Aqueménida?

Fue un imperio conformado por Medos y Persas que logró tener un gran dominio territorial desde el año 550 hasta el año 331 antes de Cristo. Su expansión territorial comenzó a manos de Ciro II quien gobernó en el transcurso de los años 559 hasta el año 530 antes de Cristo. Luego de que los persas anexaran a los medos bajo su dominio, lograron fortalecerse y emprendieron numerosas campañas extensionistas con gran éxito.

Ciro II El Grande

Los persas estaban establecidos en la meseta de Irán, a lo largo de la actual provincia iraní de Fars. En esta región se dedicaban a la cría de ganado y, posteriormente, a la agricultura. Los persas fueron gobernados por una dinastía fundada por Aquemenes. Esta dinastía Aqueménida perteneciente al imperio persa, se fortaleció aún más luego de que Ciro II venciera en el año 550 antes de Cristo al rey de los medos, Astiages. Esta victoria le permitió a los persas extender su territorio hacia Irán y Mesopotamia.

Conquistas del Imperio Aqueménida

Bajo el reinado de Ciro el Grande, los persas lograron conformar un poderoso ejército con el cual pudieron obtener el dominio de los medos al ocupar su capital, Ecbatana. Esta ocupación se vio favorecida por un amotinamiento que hubo en las tropas de los medos en contra de su rey, Astiages. Luego de consumar el dominio de los medos, Ciro el grande se dirigió hacia babilonia para emprender su conquista.

El dominio del Imperio Aqueménida sobre los babilonios no presentó una gran resistencia. Los relatos históricos revelan que el ejército conformado por medos y persas, y comandado por el general persa Gobrias, desviaron las aguas del rio Éufrates, lo que les permitió llegar a los muros de la ciudad. Aunado a estas circunstancias, las puertas de la ciudad fueron dejadas abiertas, por lo que los medos y persas lograron entrar y doblegar la ciudad. Fue así como en una noche cayó el imperio babilónico en el año 539 antes de Cristo.

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Luego de la conquista de Babilonia, Ciro se presentó para tomar posesión del poder y del territorio administrado por el imperio caído. En vista de que Ciro respetó las inclinaciones religiosas y las estructuras de administración de los territorios conquistados, se ganó el favor de sus nuevos súbditos. Entre los datos resaltantes, Ciro trató con benevolencia a los pueblos prisioneros. Por ejemplo, permitió el regreso de los judíos a Jerusalén y les concedió restaurar el templo y la ciudad.

Máxima extensión del Imperio aqueménida durante el reinado de Darío I, hacia el 500 a. C.

Luego de la muerte de Ciro en el año 530 antes de Cristo, lo sucedió en el poder su hijo Cambises II quien siguió los planes expansionistas de su padre conquistando Egipto. A medida que el imperio Aqueménida se fortaleció, extendió sus dominios hacia el mar Mediterráneo y por todo oriente, convirtiéndose en el imperio más grande existente hasta entonces.

Política del Imperio Aqueménida

Los persas dirigieron su imperio cediendo los cargos de importancia a miembros de su etnia. Sin embargo, a los pueblos que estaban bajo el dominio aqueménida, se les concedió una amplia autonomía. Se respetaron sus costumbres, religión, lengua e instituciones con la única condición de que permanecieran bajo el dominio persa y que pagaran el tributo correspondiente.

Los tributos permitían que el imperio obtuviese riquezas y que además pudiera tener materia prima para la construcción de sus templos y ciudades. Entre los tributos que recibía el imperio se encontraban diversos tejidos, incienso, colmillos de elefantes, camellos, madera, oro refinado, vasijas, entre otros.

El imperio tenía su centro administrativo en el palacio real. Por lo general, la sede real estaba ubicada en Susa, sin embargo, los monarcas pasaban algunas temporadas del año en las ciudades de Babilonia y Ecbatana. Por otra parte, fue construida una lujosa ciudad llamada Persépolis, donde se efectuaba una fiesta durante el equinoccio de primavera, en la que asistían los embajadores de todo el imperio y entregaban sus regalos al rey.

Puerta de las Naciones, Persépolis, julio de 2018.

Organización social del Imperio Aqueménida

La figura insigne del imperio era el rey. Él representaba la máxima autoridad a la hora de hacer nombramientos sobre cargos administrativos y gubernamentales. Quienes recibían alguna autoridad del rey, debían velar por el cumplimiento de los tributos de cada pueblo perteneciente al imperio. Los ejércitos tenían comandantes, los cuales a su vez estaban a la orden del rey y se encargaban de mantener la unificación y seguridad del imperio.

Los cargos de importancia imperial eran reservados para los miembros de familias destacadas de la aristocracia. Aun así, era importante que quienes aspiraban a un cargo público, tuviesen el favor y aprobación del rey, quien disponía y distribuía los cargos a lo largo del territorio conquistado.

Los persas por lo general respetaban a las poblaciones campesinas y la esclavitud no era una práctica común. Solo los rebeldes eran los que llegaban a ser usados o vendidos como esclavos. No obstante, los persas acostumbraban pagar salarios a los trabajadores. Este respeto a la sociedad permitía que las civilizaciones que integraban al imperio estuviesen a gusto con las disposiciones administrativas del imperio Aqueménida.

Economía del Imperio Aqueménida

El imperio se mantenía a partir de los impuestos y tributos que recibía de los pueblos que estaban bajo el dominio persa. Los tributos eran recibidos en metales como la plata y el oro, los cuales se utilizaban en parte para acuñar monedas como el ciclo y el dárico. Darío I posiblemente fue el primer rey persa en acuñar monedas. Este sistema monetario de los Aqueménidas se mantuvo hasta ser desplazado por las monedas acuñadas de Filipo II y las de Alejandro Magno a mediados del siglo IV antes de Cristo.

Por otra parte, una gran cantidad de los ingresos se destinaba a la modernización de las ciudades, construcción de monumentos, palacios y caminos. Entre las construcciones financiadas por los tributos se destacan la construcción del camino real de Susa y los palacios construidos en Susa y Persépolis. Los ejércitos también requerían inversión económica, en especial cuando se presentaban conflictos.

Cabe mencionar también que la infraestructura a lo largo del imperio Aqueménida propició el comercio en todo el territorio dominado. Esto facilitó y contribuyó al desarrollo comercial que también generaba ingresos al imperio por el tributo que debían pagar los comerciantes. La clase campesina también contribuyó al fortalecimiento económico a través de la agricultura y la ganadería.

Religión del Imperio Aqueménida

Aunque los aqueménidas rendían culto a varios dioses y se pudieran categorizar como politeístas, sólo uno de sus dioses cumplía un rol lo suficiente importante como para ser la deidad principal a la que le atribuían las bendiciones recibidas, por lo que su sistema religioso se conoce como henoteísmo. Dicha divinidad tenía el nombre de Ahura Mazda, lo que traducido a la lengua persa significaba el Sabio Señor. Se creía que a este dios se le debía la creación del universo y la humanidad. Por otro lado, la autoridad y poderío que tenían los gobernantes provenían de él, así como las hazañas en batallas y la protección de los invasores.

Azhura Mazda

Por otro lado, otros dioses de los que se ha encontrado registro son Anahita, Mithra, Hvarira y Zurvan. A estos se les adoraba por ser dioses que dominaban aspectos esenciales de la vida como la fertilidad, el amor, la guerra, el sol, y el tiempo. A estos dioses se les tenía en un panteón para adorarlos, así como templos en distintas zonas del imperio.

Dentro de las costumbres religiosas de los aqueménidas no figuraba la construcción de templos para cada deidad o la construcción de postes sagrados, por lo que se concluye que sus ritos se llevaban a cabo a la exposición de la naturaleza. Sin embargo, una de las características de sus costumbres era la ofrenda de sacrificios, por lo cual se entiende que sólo las deidades más importantes eran las que se adoraban en templos.

Además, los personajes principales en los cultos religiosos eran en primera instancia el rey, quien no sólo aportaba los medios para realizar los sacrificios, sino que mediaba entre el hombre y los dioses. Adicionalmente, los sacerdotes y los magos se encargaban de llevar a cabo los rituales y manejar el fuego.

Aportes del Imperio Aqueménida

Entre los legados dejados por los aqueménidas podemos mencionar los siguientes:

  • La organización social y política que desarrollaron sirvió como modelo a futuras civilizaciones, pues estaban organizados en satrapías, quienes tenían la función de exigir un pago constante para sufragar los gastos del imperio. Esto dio origen a la recolección de impuestos.
  • Las primeras monedas globales fueron usadas por esta civilización. El dárico fue la insignia económica de todo el imperio.
  • La tolerancia religiosa. Aunque ellos tenían ritos arraigados, permitieron que sus ocupantes adoraran a las deidades que escogieran y daban la bienvenida a la influencia de las culturas vecinas.

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