El humanismo es una corriente filosófica, intelectual y cultural, que piensa a la humanidad y a las personas en general, buscando ir más allá de los eruditos o de quienes tuvieran algún cargo importante en el poder, es decir, se busca poner al valor humano por encima de cualquier particularidad o posición social.

En el siguiente artículo veremos los diferentes tipos de humanismos y sus características principales, también nombraremos a sus referentes principales.

 

¿Qué es el humanismo?¹

La palabra “Humanismo” proviene del término latino humanitas (que significa humanidad). Se denomina así a toda la teoría filosófica que enfatiza el valor del humano frente al resto de las realidades. En síntesis, esta teoría desarrolla sus obras fundamentales partiendo de la vindicación de los valores humanos.

El humanismo se aplica a determinados momentos históricos. Son ellos el fenómeno sociocultural característico de los siglos XIV y XV, conocido como humanismo renacentista; al neohumanismo del periodo del clasicismo y del romanticismo alemán de los siglos XVIII y XIX, y a los humanismos contemporáneos, fundamentalmente con orientación ética.

El humanismo Renacentista²

El humanismo renacentista, cuyo origen se sitúa en la Italia de los siglos XIV y XV (especialmente en Florencia, Roma y Venecia) se caracteriza por el renovado interés en los studia humanitatis, esto es, en los estudios de gramática, dialéctica, retórica, historia, poética y ciencias morales, basados en el aprecio del texto clásico antiguo, en latín y griego. Así dejan de lado  el pensamiento escolástico (corriente teológica cristiana) dominante hasta ese entonces del pensamiento occidental.

Surge en este contexto un nuevo concepto de lo humano, más adecuado a los ideales cívicos de la aristocracia comercial que alcanzó el poder político, económico y social en este periodo. Son valores de este estadio del pensamiento el interés por la naturaleza y el naturalismo, el individualismo, el rechazo de la autoridad, la valoración de la historia y el interés por la cultura y el saber.

Su hegemonía se mantuvo por gran parte de Europa hasta finales del siglo XVI. Desde ese momento se comenzó a transformar y se diversificó gracias a los cambios espirituales que provocó el desarrollo ideológico y social como lo fueron la Reforma Protestante y la Contrarreforma católica, y tiempo después también influyó la Ilustración y la Revolución francesa.³

Características del humanismo Renacentista

Los rasgos del humanismo renacentista son los siguientes:

  • Interés por recuperar la cultura de la Antigüedad clásica y estudios filosóficos de la lengua.
  • Las creaciones artísticas se basaban en imitar a los maestros de la civilización grecolatina.
  • Se consideraba que el hombre tenía una gran importancia, además de que su inteligencia le daba gran valor a la fe que lo une con su Creador.
  • Los valores superan a los de la antigüedad clásica por lo que se restauró la fe en el hombre contemporáneo.
  • Se aprecia la fama como una virtud clásica, el conocimiento de lo sensorial y el esfuerzo de la auto-superación.
  • El comercio ya no se considera pecado y el Calvinismo afirma que el éxito económico es una señal de que Dios bendijo la tierra trabajada.
  • Reconocen la necesidad de separación de la moral y la política, tiene que haber una autoridad eterna y una temporal.

Las figuras fundamentales del humanismo del Renacimiento son: Francisco Petrarca, Coluccio Salutati, Leonardo Bruni, Poggio Bracciolini, Leon Battista Alberti, Nicolas de Cusa, Erasmo de Rotterdam y Thomas Moore.

El Neohumanismo de los siglos XVIII Y XIX

Después de la Ilustración, como reacción contra los valores defendidos por ésta, aparece un nuevo modo de humanismo, sustentado por el romanticismo alemán de los siglos XVIII y XIX. Este segundo tipo de humanismo establece los conceptos básicos del humanismo que llegaría a nuestros días, siendo estos la noción de la formación integral, entendida como el proceso en el cual se valora mucho la cultura del espíritu, en contraposición  de la adquisición de la simple ciencia, técnica y racionalidad.

En síntesis, esta nueva corriente entenderá que la formación humana es más compleja que la mera adquisición de un saber científico universal y se valorarán las diferentes culturas regionales (surgen fuertes sentimientos nacionalistas). En este contexto, diferentes intelectuales defienden la primacía del sentimiento, la individualidad  y la libertad frente a la racionalidad.

“El caminante sobre el mar de nubes” es una de las obras más representativas del romanticismo alemán elaborada por Caspar David Friederich. En Arte y algo más.

En este óleo del año 1818 podemos apreciar la influencia del humanismo en el autor: el hombre ocupa el espacio central en la pintura indicando que está en posición de dominación. Sin embargo, el llevar un bastón, quizá para facilitarle la ascensión, apunta a cierta debilidad. El humano es representado en forma individual o en soledad y no en medio de un grupo, de esta forma se resalta su subjetividad. El hombre se sitúa en una cima, es libre, pero es pequeño con respecto al resto del mundo o la naturaleza.

Las figuras principales del neohumanismo fueron: Johann Winckelmann, Friedrich Schlegel, Johann Gottfried Herder, Friedrich Schiller y Johann Wolfgang Von Goethe.

Los Humanismos Contemporáneos

Las principales corrientes del humanismo contemporáneo, son ellas el marxismo y el existencialismo. El marxismo sostiene que es el hombre quien se conforma a través del desarrollo de la historia. Éste, ligado primeramente a la naturaleza, toma distancia de ella al modificarla según sus propias necesidades. Al mismo tiempo que desarrolla su trabajo transformador de la naturaleza, el hombre se modifica a sí mismo por el mismo factor (el trabajo), resultando por entonces creador de su propia naturaleza. Bajo el capitalismo, los trabajadores (proletariado) no trabajan para sí mismos sino que trabajan para otro (burgués) quien se lleva los beneficios de la producción. La crítica del marxismo se centra en que el trabajo como  también el producto del mismo, bajo la sociedad actual, oprime al trabajador (alienación) y, en último término, lo deshumaniza.

Algunas de las principales figuras del marxismo fueron: Karl Marx, Friedrich Engels, Lenin y Antonio Gramsci. 

Por otro lado, el existencialismo es un conjunto de tendencias filosóficas, desarrolladas fuertemente en Alemania y Francia durante el siglo XX,  que coinciden en entender por existencia, no la simple actualidad de unas cosas o el hecho de existir, sino aquello que constituye la esencia misma del hombre. Es un humanismo porque le brinda fundamento a la subjetividad y consideran que la cuestión fundamental en el ser es la existencia humana. El hombre no es entonces la especie humana o una noción general, sino el individuo humano considerado en su absoluta singularidad. Analizar esa existencia es la labor de la filosofía existencialista. La importancia de ello radica en que el humano (según esta corriente de pensamiento) es el único ser cuya esencia consiste en interrogarse sobre su propia existencia.

Sus figuras principales fueron: Edmund Husserl, Martin Heidegger,  Jean Paul Sartre y  Simone de Beauvoir.

En esta imagen podemos apreciar a Jean Paul Sartre y su pareja Simone de Beauvoir, ambos grandes representantes del existencialismo del siglo XX. En Cultura Colectiva.

Bibliografía

¹ – Benítez, Luis., Diccionario de Filosofía Volumen 1, Pluma y Papel, Buenos Aires, 2008.

– Benítez, Luis., Diccionario de Filosofía Volumen 2, Pluma y Papel, Buenos Aires, 2008.

²Garin, E., La revolución cultural del renacimiento, Crítica, Barcelona, 1981.

³ -Heller, A., El hombre del Renacimiento, Península, Barcelona, 1980

– Kinder, Hermann; Hilgemann, Werner. Atlas Histórico Mundial I. Madrid, 2006.

-Duque, F., Historia de la filosofía moderna, Akal, Madrid, 1998

-Izuzquiza, I., Caleidoscopios. La filosofía occidental en la 2da mitad del siglo XX, Alianza, Madrid, 2000.

-Villacañas, J. L., Historia de la filosofía contemporánea, Akal, Madrid, 1998.

  -Karl Marx y Friedrich Engels. La Ideología Alemana.  Moscú, 1932. Escrito en Bruselas durante 1845 y 1846.

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