Los ritos religiosos formaban parte esencial de la vida de los indígenas que poblaban los territorios que se ubicaban en la parte media del continente americano para el siglo XV. Muchas de las costumbres que estaban incluidas en la veneración a dioses era el sacrificar a personas, de esta manera los dioses satisfarían su hambre y darían la bendición a los pueblos.

Es en este punto de la historia en el que encontramos las batallas de las flores o las Guerras Floridas, conocidas como conflictos entre los distintos grupos étnicos que existían en la época que permitían encontrar a quienes sacrificar para apaciguar la ira de los dioses.

Recibían la denominación de floridas porque desde el punto de vista de los aztecas las vidas eran sacrificadas como flores, las cuales iban a buscar en el lugar donde estas se llevaban a cabo. Se les consideraba como una cacería que sus dioses aprobaban y por eso morir en estos encuentros se consideraba más que un deber, un honor.

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¿Quiénes participaron en las Guerras Floridas?

Los protagonistas de estos conflictos fueron los habitantes de los territorios ubicados en Mesoamérica, lo cual incluía a las culturas pobladoras de las regiones que actualmente son Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México. A estos pueblos les unían rasgos definitivos como la alimentación y las actividades económicas basadas en la recolección de los frutos del suelo como por ejemplo el chile, calabaza, vainilla, aguacate, tomate, frijoles, maíz y cacao. Además, no habían desarrollado los procesos para la fundición de metales como el hierro y bronce. Por último, en sus hábitos ceremoniales se encontraba la costumbre del sacrifico de personas vivas como medio de mantener relaciones pacíficas con los poderosos dioses existentes.

Sin embargo, entre quienes participaban en estos sangrientos conflictos resaltan aquellos que poblaron lo que hoy se conoce como México, los aztecas. Los principales grupos de esta civilización involucrados en estas guerras fueron Huejotzingo, Tlaxcala, Texcoco y Tenochtitlan.

¿Cuándo tuvieron lugar las Guerras Floridas?

Las Guerras Floridas se comenzaron en el período precolombino, aproximadamente en el año 1438, cuando Moctezuma lideró la civilización azteca. Aunque los sacrificios a los dioses eran una costumbre habitual de la religión del imperio, el cambio de circunstancia al que se enfrentaron los llevó a realizar un acuerdo para buscar una solución.

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Causas de las Guerras Floridas

Las razones por las que se llevaron a cabo estos conflictos obedecen aspectos religiosos mayoritariamente. Durante el período que antecedió a la conquista de los españoles, se presentó una gran escasez de alimento en el territorio que dominaban los aztecas debido a la falta de lluvias, lo cual llevó a los líderes del imperio a concluir que habían perdido el favor de las deidades principales, quienes en vez de bendecirlos, los estaban castigando para que murieran de hambre. Debido a esto, se realizó un pacto que les permitiría encontrar sacrificios vivos para el dios del sol y la guerra.

Los sacerdotes religiosos, de quienes se creía que mantenían una comunicación directa con los dioses, servían de portavoces. Cuando las deidades estaban hambrientas o disgustadas, se realizaban estos torneos para volver al equilibrio en el imperio, pues el temor que los aztecas sentían hacia sus superiores era una de sus características principales.

Características de las Guerras Floridas

Huitzilopochtli

Uno de los factores determinantes de estos acontecimientos era su organización. Puesto que la lucha se llevaba a cabo debido al temor que los aztecas sentían por sus dioses, se pactaba el lugar y la fecha de la misma, es decir que los combates no eran productos de rivalidades o ambiciones por el territorio. El objetivo que se perseguía era encontrar ofrendas humanas para el dios azteca Huitzilopochtli principalmente, a quien se le consideraba como la deidad de la guerra y era la figura máxima de los ritos de los aztecas.

Adicionalmente, en las Guerras Floridas hasta se acordaba para que ambos bandos pelearan con la misma cantidad de participantes, de esta manera se cuidaba que el evento fuera justo. El encendido de incienso aromático era la orden de partida para el enfrentamiento en el que no se incitaba a matar al enemigo, más bien mutilarlo para llevárselo cautivo. Se daba conclusión cuando era evidente que una cantidad considerable de personas habían sido apresadas.

Una vez totalizados aquellos que serían ofrecidos al dios de la guerra, estos se dirigían al templo para concluir con el ritual. Es de destacar que los mismos prisioneros de guerra daban este paso, nadie los obligaba. Esto se debía a que las creencias de la religión azteca dictaban que quienes se entregaban a la disposición del dios Huitzilopochtli de esta manera no se enfrentarían a la desgracia de vivir en el infierno después de morir, sino que tendrían una recompensa justa al lado de esta deidad.

A estos enfrentamientos asistían todas las personas de la comunidad. Desde los dirigentes hasta los plebeyos. Por otra parte, debido a que era un evento de origen religioso, todos se esforzaban por estar vestidos de manera elegante y con sus mejores prendas, pues eran ocasiones sagradas.

Consecuencias de las guerras floridas

Con la institución de estas guerras como el hábito para encontrar ofrendas para los dioses, la civilización azteca se centró en complacer a sus dioses por miedo a desagradarles y recibir su ira. Como resultado, la cantidad de guerreros fue descendiendo en gran manera, lo que hizo a la civilización más débil. Por otra parte, el concepto que se formaron los pueblos que rodeaban a los aztecas de sus costumbres los afectó de manera negativa, pues comenzaron a ser objeto de burlas y desdén.

Por otro lado, los constantes derramamientos de sangre y pérdida de valiosos niños y hombres trajó como consecuencia la vertiginosa disminución de la población masculina. Estas condiciones con el tiempo dejaron de ser causa de gozo para los aztecas, quienes llegaron a aborrecer el ritual. De hecho, al llegar los españoles al momento de la colonización, el sentimiento de odio por las Guerras Floridas era evidente, lo que llevó a los habitantes de Tlaxcala a unirse a los conquistadores para llevar a los aztecas a su fin.