Ejército Romano

A los romanos se les consideró un imperio de hierro, debido a que su sociedad era estable pero también porque contaban con un ejército sumamente entrenado y que empleaba tácticas militares efectivas, los cuales lograron conquistar y dominar todo a su paso.

Hablemos a continuación del ejército romano y los legionarios con sus características.

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¿Quiénes eran los legionarios?

Los legionarios representaban las tropas militares formadas únicamente por ciudadanos romanos, quienes representaban la base sólida del ejército del imperio romano, sobre la cual se anexaban otros guerreros que no eran romanos. Los comandaba un cónsul y tenía un número de unos 3.000 soldados de infantería y 300 jinetes. Sin embargo, esto no siempre fue así, las legiones siempre evolucionaron con el tiempo, en los siglos III y IV a.C. estuvo conformada solo por dos centurias de unos 60 hombres cada una, organizadas en tres líneas.

La primera línea correspondía a los soldados de infantería pesada, los cuales iban bien equipados y protegidos con una coraza, yelmo, espinilleras y escudo, además de dos jabalinas y la espada. La segunda línea era exactamente igual a la primera, con soldados infantes bien equipados y armados que representaban el relevo. Por último, la tercera línea estaba formada por velites, soldados de reserva con armamento ligero pero con la misma fortaleza. Adicionalmente, unos 300 jinetes que se organizaban en 10 grupos de 30 hombres.

Auxiliares de los legionarios

Siendo los legionarios los guerreros principales del imperio romano y la base del ejército, a los guerreros reclutados que no eran ciudadanos romanos se les consideraba auxiliares. Estos guerreros auxiliares generalmente eran reclutados de pueblos bárbaros, quienes ya estaban bajo el dominio del imperio romano, pero que no recibían la ciudadanía. Eran útiles porque representaban el mayor número de soldados y tenían habilidades diferentes. Tras servir por 25 años en el ejército romano, podían optar por la ciudadanía romana tanto ellos como sus familias.

La mayoría de los auxiliares se especializaban en alguna táctica de guerra de acuerdo a la región donde vivían. Por ejemplo, se habla de los arqueros sirios, de los honderos baleares y también de los famosos jinetes de las regiones de Panonia, Batavia y Tracia, quienes eran sumamente hábiles como jinetes y atacando con jabalinas, lanzas y la spatha, una especie de espada larga. Los auxiliares formaban la caballería del ejército romano, la cual se encargaba de proteger los flancos, rodear al ejército enemigo y también ir tras los soldados enemigos en retirada.

Infantería auxiliar romana cruzando un río, probablemente el Danubio, durante las guerras dacias (101-106). Se distinguen de los legionarios por la forma de sus escudos, ovalados en contraposición a los rectangulares de los legionarios. Columna de Trajano, Roma.

La vida de los legionarios

La vida del legionario era sencilla y dedicada a la guerra, ya que la paga era humilde, cobrando incluso menos que un labrador, pero lo compensaba tener un trabajo seguro en una sociedad difícil y alimento periódico, además de la oportunidad de alcanzar un puesto político de importancia. Duraban veinte años cumpliendo servicio activo, y finalmente cinco años como soldados veteranos, que incluía una disminución en las responsabilidades y tareas. La preparación y selección era férrea, con una disciplina y castigos severos. Una de ellas era el diezmo, que implicaba matar a uno de cada diez hombres a manos de sus mismos compañeros.

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No importa cuál halla sido la razón por la que un soldado se alistó en el ejército romano, lo cierto es que se esperaba que cumpliera con un lazo de fraternidad y lealtad para con los compañeros de su grupo, lazos que los acompañaban bajo cualquier ámbito de su vida.

Instrucción y funciones de los legionarios

Como a los legionarios mayormente se les enviaba a zonas lejanas como parte de un trabajo de protección y para evitar rebeliones en las fronteras del imperio, pasaban mucho tiempo acuartelados, por lo que necesitaban entrenar bien y con frecuencia para poder mantener la forma física. Este entrenamiento tenía como objetivo desarrollar habilidad en el empleo del armamento y todo el equipamiento, mantener a los soldados en forma y enseñarlos a estar coordinados entre todos como parte de un solo cuerpo.

Para cumplir estos objetivos, los soldados realizaban caminatas de unos cincuenta kilómetros con todo su equipo militar, también realizaban peleas individuales y en grupo, practicaban las distintas formaciones, entre otras cosas. Además, aparte de todas estas rutinas, los legionarios debían llevar a cabo vigilancias en zonas donde existía riesgo de ataque o rebelión, en obras de construcción y otros lugares.

Entrenamiento de los Legionarios

Parte de las funciones de los legionarios era realizar campañas disciplinarias en regiones donde algunos pueblos se sublevaban ante el imperio romano. En estas campañas el objetivo era infligir un gran daño al enemigo para que quedara el miedo entre ellos y no se repitiera la acción. Pero también a veces tenía como objetivo castigar a los pueblos rebeldes destruyendo toda la zona que habitaban, incluyendo su ganado, sus cosechas y sus viviendas.

Por otro lado, a los legionarios se les capacitaba de tal forma que podían realizar labores de ingeniería de forma muy rápida y eficaz. Para pasar la noche, construían enormes campamentos con un terraplén alrededor, un foso y una empalizada, lo que les brindaba protección. También realizaban labores de construcción para atravesar obstáculos naturales como puentes para cruzar ríos, lo cual los hacía indetenibles.

Armas y tácticas de los legionarios

Una de las tácticas utilizadas por los romanos era el asedio, el cual incluía primero una advertencia y una invitación a rendirse, de lo contrario serían atacados y arrasados sin piedad. El último recurso de esta táctica era la lucha cuerpo a cuerpo tras haber tomado la plaza fuerte de la ciudad enemiga, lo cual incluía a su vez un código que no tenía límites ni restricciones para los soldados, debido a todo el esfuerzo que implicaba tomar una ciudad fortificada. Por eso, los legionarios se entregaban a la matanza desenfrenada, el pillaje y las violaciones, como una forma de venganza por la muerte de sus compañeros durante el asedio y también como recompensa por todo el esfuerzo realizado.

El armamento militar de los romanos incluía artillería bombardera utilizada mayormente en los asedios, la cual era como una especie de ballesta gigante. También incluyeron más tarde catapultas que tenían un solo brazo, las cuales aunque no derrumbaban las murallas, causaban gran daño a quienes estaban dentro de ellas. A fin de socavar los muros de las ciudades fortificadas, utilizaban la técnica de la tortuga para movilizarse en grupo, la cual implicaba que un grupo de legionarios avanzaba en conjunto cubriéndose con sus escudos por todos los ángulos hasta llegar a la puerta y empezar a derribarla o a cavar un túnel.

Recreación de una formación en tortuga.

Los legionarios iban muy bien armados pero también muy bien protegidos con una armadura que mezclaba la protección con la movilidad. Tenían un yelmo y una coraza que, en conjunto, protegían la cabeza y el torso, aunque los brazos y las piernas quedaban sin protección pero con mucha movilidad. La armadura pesaba unos 9 kilos, y tenía un sistema de placas solapadas.

Muchos legionarios debían cargar con sus armas, armadura y escudo, lo cual lograba un peso de unos 20 kilos, pero adicionalmente llevaban herramientas y utensilios de cocina que podían llegar a pesar unos 15 kilos. Sin embargo, algunos otros soldados no llevaban ese peso adicional a fin de estar listos para el ataque o alguna emboscada.

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