Cónsul

La palabra Cónsul proviene del latín consul y hace referencia al magistrado con mayor rango dentro de la República Romana. Todos los años se escogían dos cónsules entre los ciudadanos que tenían más de cuarenta y dos años. El papel del cónsul era dirigir el Estado, en especial al ejército en campaña.

El cónsul se convirtió en un cargo que simbolizaba la política Romana, su poder llegó a ser mayor que el de cualquier otro magistrado. Podían compararse al rey, con la diferencia de que estos últimos ejercían de forma vitalicia y los cónsules debían cumplir un mandato.

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Origen del cónsul

La Republica Romana estuvo acompañada desde su comienzo por el papel del Cónsul en su magistratura. Se instauró justamente después de destituir al último Rey romano (Lucio Tarquinio el Soberbio) en el año 509 a. C. Los dos primeros Cónsules escogidos por el Comicio Centuriado, irónicamente, tenían parentesco con el Rey que había sido depuesto. Quienes ocuparon este puesto fueron Colatino y Lucio Junio Bruto. El primero declinó al cargo y fue sustituido por Publio Valerio, conocido históricamente como Publícola o “amigo del pueblo”.

Funciones del Cónsul en la Antigua Roma

Los primeros Cónsules debían procurar que las leyes aprobadas estuviesen dirigidas a defender la naciente República. Se condenaría a muerte a cualquiera que intentará proclamarse Rey. Las primeras medidas tomadas por los cónsules se dirigieron a evitar la resurrección de la monarquía. Partiendo de esta posición, la función principal del cónsul fue ocupar el vacío que el monarca dejaba en lo que a organización militar y poder político se refiere.

El propósito no era colocar otro monarca en el poder, sino colocar una cabeza gubernamental que además permitiera manejar política y militarmente la República. Incluso tenía ciertas obligaciones religiosas, en una medida pequeña, al ofrecer los augurios a las tropas. Los poderes de carácter religioso que poseían los reyes se delegaron al Rex Sacrorum (encargado de los sacrificios) y al Pontifex.

Características del cargo de Cónsul

  • Se escogían simultáneamente dos Cónsules. Esto evitaba que un individuo acumulara poder de forma incontrolable y tomara decisiones basándose en intereses personales.
  • Cada Cónsul tenía el poder de mando o Imperivm, además podía vetar la decisión del otro. Esto trajo problemas en las épocas turbulentas de Roma, pero sirvió de mucho para impedir que surgieran tiranos.
  • Se necesitaba que los dos Cónsules estuviesen de acuerdo para que se pasara un comando o una orden.
  • Era común que para evadir problemas en la gobernación por rivalidades, algunos decidieran acordar con antelación que habría una alternancia en la gobernación. Por ello uno gobernaba un mes y el otro lo haría al siguiente mes.
  • No se acostumbraba que un único Cónsul ocupara el cargo, sino sólo en circunstancias especiales, como sucedía al morir uno y faltaba poco para que terminara el año.
  • El periodo para ejercer el cargo de Cónsul era de un año (conocido como annuum), al transcurrir este tiempo se elegían dos nuevos integrantes.
  • Quien ya había sido Cónsul podía ejercer reiteradamente al haber dejado pasar diez años entre un mandato y otro.
  • Cuando el Cónsul terminaba su periodo de mandato era acogido por el Senado para que ocupara una silla como miembro vitalicio. Pasaban a llamarse Consulares porque ya habían ejercido este cargo. Tenían además el privilegio de seleccionar un Dictador en caso de que se presentara una amenaza extranjera en Roma o una crisis interna.

Quién elegía al Cónsul

Al principio los que se encargaban de escoger al Cónsul eran los miembros de los Comicios Curiados. Con el tiempo se cedió este poder a la Asamblea Centuriada. Al ser elegidos, debían asumir el día 15 de Marzo. A los elegidos a principio de año, se les denominaba Consul ordinarii y ese año llevaba el nombre de los Cónsules. Si un cónsul renunciaba o moría, el que lo reemplazaba se conocía como Consul suffecti.

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Requerimientos para ser Cónsul

Para acceder a la magistratura de Cónsul se establecieron requerimientos que variaron con el paso del tiempo. Uno de los principales era la edad mínima exigida (43 años), aunque con la Lex Vibia Annalis la edad mínima se redujo. La edad para acceder fue cambiando hasta que quedó en 40 años para patricios y 42 años para plebeyos. Se exigían cargos militares o políticos para acceder a al algún cargo de importancia. También se establecía la diferencia de un total de diez años entre un cargo y otro para la misma persona.

El Cónsul durante la República

Durante la era de la República, el Cónsul ocupaba el cargo más alto y con mayor poder. Las acciones y decisiones que tomaba se encontraban encima de todos los otros cargos y solo podían ser restringidas por un veto consular, por alguna revuelta importante en el Senado o cuando se colocaba en el poder a un dictador en época de crisis. Otra de las limitaciones del poder consular consistía en que una de las decisiones estuviese en contra de lo que la ley establecía anteriormente.

Aunque el Cónsul tenía poder total sobre las tropas y su poder era similar al de un Rey, el modelo de estado romano se aseguraba de que las decisiones del Cónsul concordaran completamente con el Senado. Sin la aprobación de este último, era imposible hacer una campaña o llevar a cabo una acción política.

El Cónsul durante el Imperio

Tiempo antes de que se formara el Imperio Romano, durante la crisis que sufrió la República, la magistratura consular fue perdiendo importancia especialmente con César. Entre las principales medidas que tomó el emperador se encontraba la de disminuir el poder que tenían los Cónsules.

Julio César

Este puesto pasó a ser una magistratura de poder a una que otorgaba únicamente honor y prestigio a quien lo ocupaba. De esta forma, el consulado llega a ser durante el Imperio una magistratura pasajera o una especie de premio honorífico por parte del Emperador. Esto llevó a que la duración de este puesto fuera de aproximadamente dos meses. Cuando un Emperador moría, los Cónsules gobernaban hasta que aparecía un sucesor.

Los cambios se hicieron más evidentes con las reformas que aplicó Constantino, quien asigna un Cónsul para Roma y otro para Constantinopla. Con estas modificaciones las discrepancias se hicieron más obvias. Después, con la división del Imperio Oriental y el Imperio Occidental, cada Emperador designaba un Cónsul en cada caso.

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